No me basta recordar a cada momento tu nombre
para saber que el sentir por ti, aún sigue en mi.
Sigues siendo el ángel brillante que me da vida,
y aunque no te vea, tu rostro sigue en mi corazón.
Aquella canción compuesta llena de amor y recuerdos,
vuelve a nacer cada noche cual fénix de esperanza
junto a la cenizas de éste tu bardo, que no alcanza
a comprender aún la complejidad de la vida y del amor.

Junto a la melodía de un caído cisne veo en mis ojos,
lo que nadie quiere ver en los suyos, tristeza y amargura,
y lo falso que es vivir, con una espada clavada en mi armadura,
aquella ponzoñosa centella tiñe inmortal mi esperanza y mi dolor.
El sueño eterno de volver a mi radiante y nostálgico pasado,
dulce pesadilla que en mi despertar a mi mente agobia,
cómo explicar lo vivido ahora en cada pasar de las horas,
sólo sigo mi camino sin mirar atrás, sin recordar mi historia.
Admito, pues, ante
que por ahora, en este invierno mi corazón descansa solitario
en un ataúd de hielo, junto a mis versos más delicados y que
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