lunes, 21 de septiembre de 2009

Sueño Gris

En tiempos remotos, bajo la funesta mirada de la Reina de la Noche, Judas traicionó con un beso al Hijo de Dios. Un ósculo en la mejilla derecha del llamado “Salvador” y lo que escrito estaba, se consumó.

Hoy en la oscuridad de un escenario, mi ser traicionó su propia esencia, bastó un beso en los labios de una musa para que el alma que nunca verá luz, se entregue a los brazos de Nefistóteles.


El glorioso Emperador, de las tinieblas y de mis sueños, me llevó junto a Judas, quien con una sola mirada comprendió la caída de mi corazón…ambos éramos traidores, a ambos nos dieron la mano llena de confianza y con un beso tiramos todo ese cariño al precipicio más doloroso en el que podemos estar.


Regresé, pues, el oscuro escritor donde el omnipotente Lucifer, quien con voz tan dura como mis latidos, me dijo:



- ¿Y tú? Dime la razón de tu actuar, explícame qué te motivo para hacer lo que hiciste.


- Ante ti me arrodillo y pido clemencia….pues, déjame decirte que el odio hacia mi corazón es infinito y que jamás imaginé que mi alma moriría así. Y si quieres una razón del por qué hice lo que hice, es muy simple. El Todo Poderoso de arriba me dio un corazón, un sentimiento y versos…me hizo humano. Y me dio la libertad de amar… y simplemente decidí amarla.


Con una risa sarcástica, que resonaba hasta en los abismos más profundos de aquel averno, me miró y tomando mi rostro con su apestosa y ponzoñosa mano me dijo:


- Y dime… ¿quién eres tú? Pues, supongo que debes tener un nombre….


- Ante un espejo, el más repudiado ser que he conocido. Ante ti, un ínfimo demonio que con sus palabras deambulaba por la faz de la Tierra buscando el amor. Ante éste, el llamado Judas, un colega más. El nombre no interesa, pues no es la primera vez que me postro ante ti.


- Entonces ya sé quien eres. Eres el tonto bardo, que tiempo atrás conocí. Aquel que me llama a gritos en sus noches de soledad…tú que en tus versos disfrazas salmos a mi nombre.


Volviendo a ser victima de incesantes carcajadas, aquel ángel renegado me miró y acercándoseme me dio un beso en la mejilla, ante la atónita mirada de Judas y al oído me dijo:


- Pues con un beso, yo también te traiciono. Vuelve a la vida, pues no te dejaré descansar aún. Devora almas con tus versos y muéstrale a aquellos que te rodean la crueldad de tus palabras. Alcanza la gloria de ser uno de los tantos sombríos miembros de mi hueste. Tu corazón, ya sufrió demasiado, así que no te preocupes, se quedará conmigo. Serás un simple escritor más, sin corazón ni alma, con palabras letales, tristes y dolorosas…y aprovéchalas porque será lo único que tengas.


- Será pues, tu decisión y no la mía…

El insignificante bardo cerró los ojos y al abrirlos, se vio nuevamente víctima de la vida, de la cruda realidad que azotó tiempo atrás su corazón…y aquí estoy.

No hay comentarios:

Publicar un comentario