lunes, 21 de septiembre de 2009

Oinotna

No me abandones,

no me rechaces,

no me ignores,

cada día te veo,

sabes que no te creo,

tus cicatrices en el alma

cada vez son peores.

No me mientas,

la profundidad es enorme,

me hundiré mientras comes,

sacia tu hambre,

sigue comiendo hombres.

Pero mañana,

acabará la tormenta,

y junto a tu sed de odio

mi dolor se incrementará,

dejándote sólo en la maleza.

No te escondas,

el mundo y yo somos testigos

no pudiste acabar contigo,

has destruido tus palabras

pero no tus quejidos,

levántate, dame la mano,

nunca dejarás de estar confundido.

No me uses,

como un arma letal

para acabar con tus ideas,

sabes que necesitas de mi,

para crear nuevas carreteras,

nuevos caminos oscuros

hacia un mar gris sin fronteras,

donde se pueda navegar,

entre delfines y sirenas,

que te atraparán al oírlas cantar.

No me niegues ésta es la última vez

eres el reflejo de mi ser,

la parte mala que deje salir,

por no dejar de pensar sólo en mi,

y que me ha llevado a la muerte,

mientras veía en mi corazón una cruz;

yo sabía que se acabaría al apagarse su luz.

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